12/05/2012
25/04/2012
prensavisual ~ el periódico de los poemas visuales
Hoy inaguramos prensavisual, un periódico digital que contará noticias de actualidad con un poema gráfico,
poema-objeto o foto-poema. Estas imágenes serán acompañadas de un breve texto escrito por Diego Fernández o Fernando Oliva.
boceto manual:
boceto digital:
arte final:
02/04/2012
31/03/2012
28/03/2012
22/03/2012
15/03/2012
03/03/2012
29/02/2012
05/02/2012
26/01/2012
Granada Black Power - Kápel AO & albertoliva (2012) [instrumental de Osaka Monaurail]
Cara A - Granada Black Power [Kápel AO & albertoliva]
Cara B - Granada Black Power [version instrumental]
18/01/2012
14/01/2012
17/12/2011
Basado en deshechos irreales (cuento)
Capítulo 1. Menú Peligroso
…en el amor parece que los Leo os habéis propuesto para este mes no disfrutar de la compañía de la pareja, sino que os inclinaréis más hacia el amor de la familia o de la amistad. No será una ruptura que os hará sufrir, porque es una decisión que os apetece tomar…
La televisión tiene un volumen insoportable, la programación incita al suicidio y al homicidio pero mi estado onírico me impide actuar. De vez en cuando suenan unos porrazos en el techo lo que parece ser la vecina en su particular insomnio colérico, señalándome a mí como principal motivo y culpándome, quién sabe, de males mayores. A causa de estos acontecimientos no consigo adentrarme enteramente en mi estado de reposo inconsciente, que lucha por mantener una fantasía sexual estable con Laura, mi psicóloga.
Al despertar me encuentro con unas ganas inexplicables de matar, pero voy a comprar pan y me desahogo haciéndome un bocadillo de polvorones con tomate, son las 8:15 de la mañana cuando lo termino de engullir, dedico un tiempo babeante a meditar sobre mi vida tan convencional.
Me he fumado un pitillo de opio sobre las 9:00 y después he ido a hacer footing. Corriendo me di cuenta que mi pulmón derecho iba tras de mi, he estado hablando con él preguntándole porque me perseguía, al final se fue sin dar explicaciones y yo me quedé con un vacío interior seguido de un estreñimiento.
Después me volvieron a entrar ganas de comer y he desayunado un café, una naranja, un bolígrafo, un pelo de ducha, una hierba del jardín y un calcetín usado por alguien. Por alguna razón el estreñimiento desapareció y me entraron cagaleras.
─ ¡Tío, cuanto tiempo! ¡Que pasa pichita!
Le digo a la mujer mayor del estanco que por supuesto desconozco, le pregunto si tienen puntillas y tornillos del 5.
Robo un Vespino sobre las 11:30 y se me queda sin gasolina nueve metros más adelante, un hombre mayor me pregunta qué estoy haciendo mientras me da con su bastón hasta crearme moretones en el 70% de mi cuerpo. Tengo unas ganas absurdas de ponerme al fresco y voy corriendo hacia una fuente tirándome de plancha. Hundido todo el cuerpo menos la cara voy quedándome dormido. Noto un líquido espeso y caliente cayendo sobre mi cara, son las babas del perro de un hippie que busca su pelota por mis entrepiernas, creo que ha agarrado una, pero no es la suya.
Es hora de comer otra vez y me apetece una mesa de aglomerado y una teja. Voy a una ferretería y pido un menú del día. Ando placidamente por la calle, voy hurgando el cinc que se me ha quedado entre los dientes y vomito un pomo en mal estado.
Un señor me para por la calle y me pide una cartera, pero no sé lo que es y le digo que no tengo, entonces me escribe en el vientre unos signos con un cuchillo, más tarde los descifraré, me entra sueño y me tiro en la acera para descansar, el señor me quita del bolsillo una agenda de cuero que tenía unos pequeños papelillos de colores.
Despierto de noche, de madrugada, un perro intenta hacerle el amor a mi pierna, alguien ha vomitado en mi cuello y me han robado los pantalones y los zapatos.
De camino a mi casa me doy cuenta que he perdido las llaves. Al llegar veo que me he dejado la ventana de mi cuarto abierta así que trepo por la pared intentando hacer el menos ruido posible, tiro tres macetas, un aire acondicionado, doblo una farola, doy a un poste de la luz y se queda a oscuras el barrio entero, descuelgo una cañería, una reja, y rompo dos cristales. Me he pasado de largo y me encuentro en el tejado a pesar de vivir en el piso 1º. Por fin entro en mi habitación y me tiro en la cama rendido.
Despierto, he dormido placidamente. Al cabo de un rato mirándola descubro que una anciana duerme a mi lado y empiezo a increparle y zarandearla duramente, despierta con cara de susto y caigo en la cuenta que es la vecina que vive arriba, me pregunto cómo a llegado hasta aquí. Al cabo de un rato me fijo que este no es mi piso, la mujer está dando convulsiones en la cama y me voy. Salgo por la puerta y hay mucho humo en el pasillo, huele a quemado, bajo las escaleras y hay dos bomberos que me cierran el paso, me explican que mi piso ha ardido por culpa de un cortocircuito provocado durante la noche. Estoy empapado en sangre seca, descalzo y sin pantalones.
Un vecino y su esposa me ofrecen su casa para asearme. Me indican donde está el cuarto de baño. Hago mis necesidades en un váter exageradamente amplio con esterilla y los excrementos no se van ya que hay un desagüe redondo, muy pequeño, con unos agujeritos. Me limpio con una esponja. Pienso que los vecinos deben de ser extranjeros con extrañas costumbres. Después intento asearme, pero en la ducha sólo cabe un pie y al tirar de una cadena que está situada a la altura de mi cabeza sólo se mojan los pies. Me froto todo el cuerpo con una pasta blanca que hay en un vaso junto a un pequeño cepillo.
Entro a un cuarto, me maquillo debidamente y me pongo la ropa que encuentro que más me gusta: un vestido violeta que brilla, unos tacones rojos y un bolso negro de charol.
Salgo a la calle y al cruzar estoy a punto de ser atropellado por un vehículo pero rápidamente doy unos pasos hacia atrás y noto que esta sensación me agrada. Decido andar al revés por las aceras durante unas horas y me gusta bastante, tropiezo con un ciego, tiro a un pintor de su escalera, aplasto el caniche de una señora mayor y rompo la luna de un coche. Al cabo de unas cuatro horas me encuentro por una autopista, un conductor me piropea y me invita a subir a su camión. Pasa por mi lado un autobús de un equipo de baloncesto y todos me muestran sus traseros pegados al cristal. Se detiene a lo lejos una furgoneta blanca que pone en el frontal “AICNALUBMA”, puedo leer sin ningún problema y con una extraña sensación “ambulancia”, pero no sé lo que es, pienso que deben ser una especie de fiesteros ya que llevan unas luces naranjas en el techo, salen corriendo hacia mi unos muchachos vestidos de blanco, pero huyo de ellos para seguirles el juego, al final los pierdo de vista.
Después de haberme clavado en la espalda, en el trasero y en los gemelos numerosos objetos pinchantes, cortantes, oxidados y viscosos decido girar más a menudo la cabeza para ver que se me avecina.
Encuentro una cabina de teléfono naranja de una compañía llamada “S.O.S”, pido para comer un vinilo de Locomía, una peluca azul y una viga de metal oxidada al Curro Jiménez, seguramente tarden.
He perdido la cuenta de los días que llevo corriendo hacia atrás. Llegando a un pueblo he tropezado con una masa de personas disfrazadas con pantalón corto de colores y con números en la ropa. Suena un disparo y todos empiezan a correr hacia adelante, unos 40.000 corriendo hacia mi que posteriormente me han insultado, escupido y golpeado, pero al final he podido huir llegando el primero a atravesar una cinta, entonces muchos me han abrazado, piropeado y una muchacha me ha dado un ramo de rosas. Después he seguido mi camino porque no me gustan las bodas. Miles de personas se me han quedado mirando atónitos.
Estoy un poco cansado, los tacones se han gastado un poco, sólo queda un trozo que me rodean los tobillos, el maquillaje de la cara ahora se sitúa en el pecho.
Está atardeciendo y llego a una zona costera. Decido dar un paseo por la playa, en un chiringuito ponen la banda sonora de Beni Hill, e inesperadamente aparecen un helicóptero de una cadena de televisión, dos furgones blindados, 40.000 maratonianos, los fiesteros vestidos de blanco, un pintor cojo y el ciego, todos gritándome violentamente.
Robo una barca y comienzo a remar desesperadamente mar adentro sirviéndome del ramo de flores y el bolso de charol.
Ya no veo tierra. Me cruzo con otra barca que está llena de negros desnutridos que en cuanto me ven empiezan a tirar paquetes al agua, luego al acercarme dejan de tirarlos y me miran con gesto descompuesto. Les advierto que a donde se dirigen están todos locos.
Tengo mucha hambre y me como entero cuatro de los paquetes que han tirado los turistas africanos. Me siento muy feliz en la vida ya que me gustan mucho las espirales de colores que veo y me duermo placidamente.
Capítulo 3. Vómito Bucólico (por Serafín Ruiz)
Me despierto confuso, hundido en vómito dentro de una barca a la deriva. Siento una sed inmensa, pero sonrío aliviado al darme cuenta de que estoy rodeado de agua por todas partes, limpia y fresca. Sin embargo, mi organismo ha de haber sufrido una severa desconfiguración, porque rechaza el líquido al más ligero contacto con mi garganta. No comprendo a qué se debe ese sabor parecido a la sal.
El Sol está en su punto álgido y aprieta el hambre. Almuerzo un trozo de popa carcomida, varios pelos de mi nariz y un periódico viejo que arrastró la marea hacia mí. Vomito cuando ingiero la sección de deportes. Es entonces cuando tomo consciencia de la situación en que me hallo. Al hallarme sólo en la embarcación, puedo elegir el puesto de mando que desee y me autoproclamo contramaestre segundo. Desgraciadamente, debido a mi esquizofrenia, mis otras dos personalidades se amotinan contra mí y me reducen en los calabozos de cubierta. Sólo me dan para comer unas uñas rancias.
Tras varios días de cautiverio, decido fugarme lanzándome a las embravecidas aguas. Resulta que hago pie y estoy a dos metros de una playa. Un cartel dice “Liverpool”. Debe ser un nombre africano. Entro en el primer bar que veo, muerto de hambre. Me sorprende ver que hay dos comedores diferentes, una para mujeres y otro para hombres. Imagino que “Toilets” debe ser el nombre del menú. El comedor de hombres apesta como si la comida llevara allí varios días. Hay cinco fregaderos blancos rodeados de espejos, un tipo se mira en uno de ellos. Recorro la estancia, que resulta ser un buffet, y me sirvo una pastilla de jabón y dos litros de aire de la máquina. De postre cojo unas pastillas de látex que venden en los reservados.
Los asientos son de loza blanca, y te mojan el culo mientras comes. Un tío pota en uno de los reservados, de otro salen dos hippies con pintas extrañas. Parece que uno se ahoga y el otro le hace la respiración artificial. Antes de irse compran un postre. Creo que no me convence esto. Antes de irme voy a mear. El aseo es el triple de grande que la cocina. Los lavabos rebosan un agua amarilla y burbujeante llena de algo que parecen patatas. Intento lavarme la cara en uno de ellos y se me derrite una mano. Un tío vestido de blanco me echa de allí.
Salgo a la calle, ciego por el dolor. Intento pillar unos calmantes, pero la gente que va por la calle sólo habla africano y no me entienden. Me pregunto por qué están todos tan blancos. Al final, un kinki en un callejón con una camiseta que dice “Who da f**k is Harry Potter?” me vende algo a cambio de la ropa que llevo. Estoy en pelotas y con la mano ensangrentada, pero nada importa. Me tumbo sobre unas bolsas de basura y veo pasar unos pingüinos con una bandera del Vaticano mientras cantan.
Anochece y busco algo en los cubos de basura para vestirme. Me pongo un tanga rosa desgastado que me hace rozaduras en el culo y una gabardina de detective. El sombrero se lo están comiendo unas ratas. Les pregunto la hora pero salen corriendo. Por la calle pasa una limusina con un orejudo dentro. En el lateral pone Príncipe Carlos. Le pregunto si tiene hora, pero dice que no con la cabeza, y el tornado que producen sus orejas me arrastra 40 metros por el aire, hasta caer de cabeza en el escote de una gorda. Uno de los pingüinos vuelve porque se había olvidado la bandera.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)






































